Dubái, entre el lujo y la pobreza

Nueva Zelanda, país precioso y lejano si los hay, es la antípoda de España (en concreto la Isla Norte de NZ), esto quiere decir que se encuentra justo al otro lado del mundo, sí, a casi 20.000km. Todos sabemos que los viajes largos suelen ser agotadores, con lo cual, decidimos realizar una “pequeña” escala de 4 días en algún lugar del mundo. Buscamos y barajamos diferentes posibilidades, siempre mirando precios por supuesto, y nos decidimos por comenzar nuestro viaje con la aerolínea turca de bajo coste Pegasus que nos llevaría hasta Dubái (Madrid-Estambul-Dubái), luego Cathay Pacific nos “acercaría” desde Dubái hasta Hong Kong y finalmente Air New Zealand haría el tramo final hasta Auckland.

Elegimos Dubái no solo por el precio de los billetes, sino porque también, aunque ambos estamos abiertos a conocer cada rinconcito del mundo sabíamos que si no era a través de una escala no había nada en el famoso Emirato Árabe que nos hubiese llevado de manera específica hasta allí. No tenemos nada en contra (¿o sí?), solo que no está entre nuestras preferencias.

Escala con destino Dubái

A modo de introducción, destacar que Dubái es uno de los 7 emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos. Se encuentra a la orilla del Golfo Pérsico y es una Monarquía Constitucional. Es una ciudad creada casi de la nada, en medio del desierto, donde hasta hace casi 60 años no había más que pequeños asentamientos pesqueros que se dedicaban mayoritariamente al comercio de perlas. Todo cambió con el descubrimiento del petróleo, que aunque supuso el mayor empuje a su economía, no es de donde obtienen hoy en día sus ingresos principales.

El vuelo de ida nos costó apenas 150 euros a cada uno, claro, el truco estaba en que aterrizaríamos en Dubái a las 4.05 am. Una vez con la maleta en mano y nuestros pasaporte sellados, nos dirigimos hacia el metro. Muy a nuestro pesar éste no empezaba a funcionar hasta las 5.50 am, con lo cual nos tocó esperar un rato, tiramos las mochilas al suelo e hicimos un poco de tiempo hasta que puntualmente abrieron sus puertas.

El metro de Dubái se inauguró en el año 2009 y recorre 75 kilómetros divididos en dos líneas principales: la línea verde y la línea roja. Los trenes no tienen conductor, es decir, funcionan de manera automática y están compuestos por 5 vagones que a su vez se dividen en 3 clases: Gold Class ( Clase Oro o VIP) 1 vagón, Mujeres y Niños 1 vagón y Silver Class 3 vagones, donde viaja el grueso de la gente. Las mujeres no deben viajar obligatoriamente en el vagón de Mujeres y Niños sino quieren. De todas formas nosotros vimos hombres en esos vagones “prohibidos” para ellos. El metro es una forma muy económica y rápida de recorrer Dubái, además la gran mayoría del recorrido lo realiza en la superficie con lo cual no te “pierdes de nada”. Puedes comprar diferentes abonos que te permitirán moverte a lo largo del día si vas solo de vacaciones, o abonos mensuales o anuales si vives allí. En la página www.dubaimetro.eu puedes encontrar la lista de precios, horarios y últimas novedades.

metro dubai

Nosotros tomamos la línea roja, que recorre 52 km, y atraviesa el corazón de la ciudad (o corazones) porque lo que nos llamó la atención de Dubái es que está construida a lo largo, con lo cual, a medida que el metro avanza vas encontrando “diferentes centros”. Nuestra parada era Dubái Internet City, y teníamos por delante un viaje de unos 50 minutos, viendo el amanecer desde las ventanas del metro de una de las ciudades más lujosas del mundo.

Dubái: Una ciudad de grandes contrastes

Desde el primer momento nos dimos cuenta que iba a ser una ciudad dividida, una ciudad de ricos levantada por los pobres, una ciudad que no trata a todos por igual. El metro fue llenándose al máximo durante el recorrido, como cualquier metro por la mañana temprano, pero la diferencia era que no veías apenas dubaitís sino inmigrantes provenientes principalmente de India, Pakistán, Nepal o Bangladesh. Según los últimos censos, los inmigrantes en Dubái suponen un gran porcentaje de la población, los locales se dedican principalmente a trabajar en dependencias  del Estado mientras que los inmigrantes provenientes de los países más pobres trabajan en condiciones de esclavitud en hostelería y en la construcción. En el pueblo de Sonapur, a 30 km del centro de Dubái, malviven más de 150.000 trabajadores que son, juntos muchos otros miles, aquellos que le permiten al país construir rascacielos, hoteles y fuentes cada vez más grandes, lujosas y opulentas. La violación constante de los derechos humanos que se producen en el Emirato son vergonzosas. Los trabajadores llegan al país endeudados, con las promesas de un salario digno y una jornada de trabajo decente de 8-9 horas. Una vez  en el Emirato la realidad es muy diferente. Son despojados de sus pasaportes lo cual los convierte en “presos dentro del país” y los obligan a trabajar 12-13 horas al día, bajo temperaturas extremas, por menos de la mitad del salario que le habían prometido en su país de origen. Como si esto no fuera suficiente, viven hacinados en pequeñas habitaciones que comparten hasta 10 personas.  No pueden volver a casa, tienen una deuda que pagar que hasta que no esté saldada, no les permitirá tener acceso a sus pasaportes. La gran mayoría de ellos emigró solos, sin familia, que espera en casa ansiosa recibir algo de dinero para sobrevivir.

En este vídeo puedes ver la realidad que viven estos trabajadores. Está en ingles pero es bastante visual.

Sin ir más lejos durante la construcción del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo que alcanza los 828 metros y punto emblemático de Dubái, hubo una huelga de trabajadores cansados de las condiciones infrahumanas de sus puestos de trabajo, de sueldos míseros y de jornadas laborales interminables al rayo del sol. En los Emiratos Árabes Unidos no existe el derecho a huelga ni mucho menos a la creación de Sindicatos, con lo cual los trabajadores se ven desamparados y a la merced de las grandes empresas, en este caso constructoras. Muchos de los trabajadores que iniciaron la huelga no solo no consiguieron un aumento de sueldo o condiciones laborales dignas, sino que fueron deportados a sus países de origen acusados de generar “revueltas”. Los que se quedaron, por su parte, recibieron el aumento que pedían y una “invitación” a trabajar y no protestar si no querían seguir la suerte de sus compañeros deportados. Los sueldos, en ese momento, no sobrepasaban los 350 U$D (oscilaban entre 180-330 U$D)mensuales por jornadas laborales de 12 horas, 6 días a la semana, donde tampoco se les pagaban las horas extras.

Megaconstrucción en el centro de Dubái.
Mega construcción en el centro de Dubái.

Y esto no es solo cosa de hombres y de construcción. Muchas mujeres llegan a Dubái todos los años de países como Filipinas para trabajar como empleadas domésticas. Una vez allí sufren pésimas condiciones por parte de sus empleadores. Ellas también pierden su pasaporte, trabajando más horas de las deseadas incluso sin cobrar en algunos casos. No tienen a quién acudir.

Activistas por los derechos humanos han alzado la voz dentro y fuera del Emirato quejándose de las condiciones precarias de los trabajadores, sin embargo, dentro del Emirato la libertad de expresión no existe a pesar de existir una ley que diga lo contrario. Algunos activistas han sido (también) despojados de sus pasaportes o forzados al exilio, luego de plantarle cara a la Familia Real y de pedir, entre otras cosas, una democracia.

Supongo que esto no es lo que esperabas leer de Dubái, pero queríamos ser un poco críticos con la ciudad del lujo y contarte algo que seguramente no te habías preguntado antes. Viajar también es ser crítico y contar ” la cara oscura” o las injusticias que merecen ser contadas.

Si te interesa conocer más a fondo este tema, te recomendamos las siguientes notas:

http://www.independent.co.uk/voices/commentators/johann-hari/the-dark-side-of-dubai-1664368.html

http://www.lavanguardia.com/internacional/20080602/53471113289/el-otro-dubai.html

 

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