Un día cualquiera en India

“A India se la ama y se la odia de igual manera”, es una frase de lo más común entre los viajeros. Nosotros además añadiríamos “en el mismo día y varias veces”.

Llevábamos dos días relajados en el “Golden Temple” cuando decidimos seguir camino hacia el norte, buscando la tranquilidad de Dharamsala. Si cuando recién nos despertamos el Domingo, alguien nos hubiera contado todo lo que íbamos a vivir ese día, no lo hubiéramos creído. Pero esto es India y sus apellidos bien podrían ser “emociones fuertes”.

Golden Tempe India
Golden Temple, Amritsar, India

Aunque ya nos había comentado algo el día anterior, por la mañana Guillaume nos confirmó que estábamos invitados a una boda india. Se casaba el amigo de un amigo suyo, y aunque hacía solo un día que conocíamos a Guillaume, éste decidió invitarnos a nosotros. También vendría Silvio, un chico uruguayo que habíamos conocido en el templo. Además habíamos comprado los billetes de tren para viajar los cuatro juntos hasta Pathankot, desde donde tomaríamos un bus para llegar a Dharamsala.

Guillaume había quedado a las 13:00 con su amigo y nuestro tren debía de salir a las 16:00, pero como suelen ir con retraso sabíamos que teníamos un poco más de margen. Tomamos un tuc-tuc desde el templo para dirigirnos a una parte de la ciudad, donde se encuentran todos los salones para realizar los convites de las bodas. Ya el trayecto en tuc-tuc fue toda una experiencia, recorriendo algunos tramos de la carretera principal que une Amritsar con la frontera de Pakistan en dirección prohibida.

Cuando llegamos nos recibió Rahu y nos preguntó si teníamos alguna camisa para ponernos y así estar más arregladitos. Como Guillaume vino a India por cuestiones de trabajo, tuvimos suerte que tenía justo 3 camisas, una para cada uno. Imaginaros lo “coquetos” que estábamos todos, yo con mis chanclas, mis pantalones de trekking y la camisa de Guillaume. En realidad ni siquiera era el día más grande de la boda(las bodas en India duran 2 o 4 días), que sería al día siguiente.

Pero no importaba lo “guapos” que estuviéramos, desde el primer momento fuimos recibidos como si fuéramos los más importante de la boda. Nos presentaron a los novios, a sus padres y a todos los amigos de Rahu. Todo el mundo quería conocernos y sacarse fotos con nosotros. Nos sentamos en una mesa con Rahu y pronto todos los amigos del novio vinieron a sentarse con nosotros. No habían pasado ni cinco minutos cuando ya nos estaban trayendo un montón de comida y bebida. Como no sabían lo que nos gustaba, Rahu mandó que nos trajeran de todo y así pudiéramos elegir.

Boda india en Amritsar
De izquierda a derecha: Guillaume, Silvio, Choco, Rahu y Macarena

Después de comer nos tocó bailar. Tenían una pista de baile con Dj y no pudimos negarnos, ya que era su máxima ilusión que fuéramos los primeros en pisarla. Incluso obligaron al Dj a pinchar música “occidental”, aunque cuando más disfrutamos fue bailando la música de moda en India, mientras nos enseñaban como bailarla. Macarena al ver que era la única chica en la pista, se acercó a un grupo de niñas para sacarlas a bailar. Estas le estarían eternamente agradecidas, puesto que como ellas mismas le dijeron, no podían bailar hasta que “algún chico les diera permiso”. Al ser invitadas por Macarena todo cambió e incluso muchas de las madres también se acercaron a bailar.

Bailando en la boda india
Guillaume y Silvio dándolo todo
Macarena bailando en la boda india
Las chicas bailando con Macarena
Boda India
Mientras bailábamos teníamos público

Una vez de vuelta en la mesa (cansados de tanto bailar) Rahu nos invitó a una parte muy especial para ellos. Nos llevaron hasta una habitación bastante pequeña donde se encontraba el padre del novio con algunos de los invitados. Eran todos hombres, a esta parte las mujeres no estaban invitadas, aunque según ellos Macarena podía venir porque era extranjera. Entonces empezaron a traer botellas de whisky y canapés, sirviéndonos un vaso a cada uno e introduciéndonos en la familia.

Bebiendo Whisky en India

Maca y Silvio
Maca y Silvio al fondo. Rahu el de camisa blanca

Muy a nuestro pesar nos tuvimos que despedir porque era hora de tomar nuestro tren. Un amigo de Rahu se ofreció a llevarnos en su coche y así no tendríamos que pagar un tuc-tuc. Nos despedimos de Rahu, su hermano y sus amigos entre abrazos e intercambios de contactos. Nos montamos en el coche y pusimos dirección a la estación de tren.

Todo estaba genial hasta que el amigo de Rahu decidió parar el coche y empezar a pedirnos dinero. No lo podíamos creer, después de pasar uno de nuestros mejores días y sentirnos tratados como auténticos familiares, este “personajillo” tenía que cagarla por unas cuantas rupias. Cuando vimos lo que pasaba nos bajamos inmediatamente del coche para tomar un tuc-tuc, mientras Guillaume llamaba a Rahu para contarle la brillante idea de su amigo. Cuando vio que la había cagado y Rahu se iba a enterar, decidió arreglarlo pagándonos el tuc-tuc. Es increíble como en India se puede pasar de lo mejor a lo peor y viceversa, en tan solo una fracción de segundo

Personaje
El “personajillo” que nos quiso estafar

Aunque ya sabíamos que el tren venía con retraso, cuando llegamos a la estación nos enteramos que éste sería aún mayor. Pero cuando uno está con ese sabor amargo, que te deja la India en algunas ocasiones, aparece alguien para endulzarlo. Primero fueron algunas familias que insistieron en sacarse unas fotos con nosotros, que con la timidez de un niño se atrevieron a pedirlo. Más tarde en el tren nos volvían a pedir unas cuantas fotos y con esta excusa, poder sentarse con nosotros a charlar. Pero lo más maravilloso fue que después de una simple conversación y algunas fotos nos habían invitado a dormir a 4 casas distintas. Muy a nuestro pesar denegamos las invitaciones porque el día había sido largo y preferíamos seguir camino.

Maca con dos hermanas indias

Choco con una familia Sij
Choco con una familia Sij
Cabina Second Siting de tren en India
Cabina Second Siting
Amigos en el tren de la India
Con los amigos que nos invitaron a dormir en sus casas

Una vez en Pathankot corrimos hasta la estación de bus, porque nuestros amigos del tren nos habían dicho que el ultimo bus salía a las 8:30 y el tren llegó a las 8:20. Por suerte el último bus salía a las 9:30 por lo que tuvimos tiempo más que de sobra. Mientras esperábamos en la estación aparecieron dos chicos, que aunque todavía no lo sabíamos, se convertirían más adelante en unos buenos amigos y parte de este grupo. Eran Alberto y Checa, que también se dirigían a Dharamsala, por lo que los 6 tomamos el mismo bus.

Checa y Alberto
Checa y Alberto

A Dharamsala llegamos después de media noche por lo que tocaba buscar algún sitio donde dormir. Recorrimos todas las calles del pueblo buscando albergues pero todo estaba cerrado. Como no podía ser de otra forma este día tenía que terminar al más puro estilo indio. Encontramos una guesthouse con habitaciones disponibles, pero el muchacho que se encargaba de cuidarlo, no tenía las llaves. Y puesto que ya eran las 1:40 de la madrugada no quería despertar al dueño para que se las diera. Como le dio lástima que nos quedáramos en la calle nos permitió quedarnos en el pasillo, con la condición de que nos marcháramos muy temprano y no hiciéramos mucho ruido. Agradeciéndoselo mucho, no lo pensamos dos veces y nos tiramos con nuestros sacos al suelo para intentar dormir un poco.

Durmiendo en un pasillo en la India
“El Pasillo”

A las 6:00 de la mañana nos despertó el muchacho para que nos fuéramos. Le volvimos a dar las gracias, desmontamos el “campamento” y nos fuimos en busca de un bus que nos llevara hasta Mcleod Ganj. Una vez allí buscaríamos una guesthouse para pasar los siguientes días.

Todavía no sabemos si fue casualidad, el karma o el destino. Puede que fuera el compartir aquella experiencia del pasillo. Pero parece que tuviéramos que encontrarnos de una manera u otra, porque los 6 formamos una familia durante la siguiente semana en McLeod Ganj.

 

5 thoughts on “Un día cualquiera en India

  1. ahora si es Roberto, ya que Betty no había cambiado el nombre jajajaj. Está buenísimo todo lo que han vivido en esa boda, hasta le sacaron el protagonismo a los de la boda jajaj. Que gente increible!!!! tanto para bien, la mayoría, como para hacerse el picaro uno, y querer sacar un dinero extra.
    Lo importante es lo bien que la pasaron y el grupo de amigos que han hecho. Un besote

    1. Hola Roberto!!
      Me encanta que siempre comentáis los dos con el mail de Bety pero casi siempre con tu nombre porque a Bety se le olvida cambiarlo 😀
      Y sí, la gente es increíble. Nosotros nunca invitaríamos a una boda a un desconocido y mucho menos sería el centro de atención. Nosotros fuimos unos privilegiados de poder vivir esta experiencia. Además lo pasamos genial descubriendo otra cultura desde dentro.
      En cuanto a ese “pícaro” todo quedó en una anécdota, pero es increíble la facilidad para arruinarlo todo por un puñado de rupias que no necesitaba. Pero en el cómputo global ganamos mucho más de lo que perdimos.
      Un beso muy grande!!

  2. Hola guapos: que bonito todo lo que cuentan, lo importante es la buena gente que encontraron, “listillos” hay en todos lados pero no puede empañar la hospitalidad de tanta gente. Feliz Navidad desde Graná, los quiero y extraño muchooo!!! pero me encantan las experiencias que viven. Sean felices!!!!!!! Bety

    1. Hola Guapa!!!
      Feliz Navidad para ti también. La verdad que ese día fue inolvidable, una experiencia que durará para siempre. Los “listillos” son una especie que abunda por aquí, pero por suerte son otros muchos los que nos abren sus puertas y sus corazones.
      Muchos besos, te queremos mucho!!!

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