Myanmar fuera de la ruta turística: Dentro de la Zona Restringida

Myanmar fuera de la ruta turística: Dentro de la Zona Restringida

 

Cómo empezó todo

Como pudísteis leer en nuestra anterior entrada sobre Myanmar buscando la tribu de los Yintale recorrimos como unos 120 km en distintos coches haciendo autostop. Pero cuando volvíamos camino a Loikaw en un control militar nos detuvieron. Eran las 19:00 horas y estaba anocheciendo cuando todo empezó.

Los Pasaportes

Cuando nos detuvieron nos pidieron los pasaportes y nos escoltaron hasta una oficina del departamento de inmigración. Era difícil saber quién era quién puesto que nadie estaba uniformado y no hablaban demasiado inglés.

Nosotros no entendíamos nada pues en ese puesto de control cuando pasamos a la ida había un militar que nos saludó y  nunca nos impidió entrar a lo que ahora nos decían era “Zona Restringida”. Por si acaso guardamos el dinero en el sujetador de Macarena, dejando fuera solo una pequeña cantidad por si teníamos que pagar un soborno.

En la oficina el que entendimos era el Jefe nos empezó a decir que no solo la habíamos “cagado” porque no está permitido entrar en esa zona sino que estábamos locos porque podía ser peligroso. Que todavía quedan tribus armadas y podíamos correr peligro. Mientras tanto su ayudante nos fotocopiaba los pasaportes y tomaba toda la información de los chicos que nos habían recogido haciendo autostop y con los que se suponía debíamos llegar a Loikaw.

Aunque la situación estaba bastante tranquila no nos fiábamos de que nos pudieran pedir dinero antes de devolvernos los pasaportes. A veces es mejor no saber y no pensar en que puedan ser corruptos pero uno siempre se pone en lo peor. Para colmo Santi no llevaba su pasaporte y solo tenía la cédula de Argentina, por lo que no sabíamos si nos harían problemas por ello.

Por suerte nos devolvieron los pasaportes (y la cédula de Santi) sin pedirnos nada y nos dejaron marchar con la condición de que no paráramos hasta llegar a Loikaw. Y es que todavía nos quedaban unos 80 km para salir de la zona restringida. 

El Loco del Longyi

Nos montamos en el coche y pusimos dirección Loikaw. No habíamos recorrido aún 1 km cuando un coche nos adelanta y se nos cruza en mitad de la carretera. Los chicos consiguieron esquivarlo y se detuvieron al costado de la ruta.

Del coche se había bajado un hombre enloquecido que gritaba en birmano y nos hacía gestos de que teníamos que volver para atrás. Los chicos se bajaron del coche mientras nosotros cagados de miedo esperábamos a ver como se desarrollaba la situación.

No serían más de 5 minutos lo que tardaron en volver al coche pero a nosotros nos pareció una eternidad en la que por nuestra cabeza pasaron miles de historias posibles y ninguna de ellas era demasiado buena.

El hombre que bajó del coche tampoco llevaba ningún tipo de uniforme y como vestía con el Longyi lo bautizamos “el loco de la pollera” (la falda para los españoles, y es que eran dos contra uno por lo que ganó el vocabulario argentino).

La Fuga

Cuando los chicos volvieron al coche dieron media vuelta para volver por dónde veníamos mientras el otro coche nos seguía. Cuando le preguntamos qué pasaba con el poco ingles que tenían nos dijeron “policía, policía”.  Pensamos que ahora sí que nos querían sacar dinero y por eso el espectáculo de atravesar el coche delante de nosotros en mitad de la carretera.

Cuando estábamos “volviendo” los chicos aceleraron para perder al coche que nos seguía y saltándose el control  militar (donde primero nos habían parado) se dirigieron a través de un puente hacia una zona a las afueras de la ciudad.

Nosotros nerviosos no sabíamos que pasaba y aunque preguntábamos los chicos solo decían “casa, casa, amigo”. Pero cuando fueron a meterse por un camino de tierra oscuro los obligamos a parar a el coche. Cuando pararon no querían que nos bajáramos y con gestos nos decían que si íbamos con la policía nos iban a detener o nos pegarían un tiro.

En ese momento nuestra interpretación fue la siguiente: los chicos nos habían visto guardándonos el dinero la primera vez que nos pararon y ahora nos querían asustar para poder robarnos. Cuando toda la historia terminó, atando cabos, nuestros pensamientos cambiaron pero eso lo contaré más adelante.

El Descampado

Cuando nos bajamos del coche los chicos arrancaron de nuevo y en cuestión de segundos habían desaparecido por el camino de tierra. Sin pensarlo dos veces corrimos a un descampado cercano y nos escondimos entre las plantas mientras pensábamos que hacer ahora.

Este fue uno de los peores momentos puesto que nos sabíamos bien quién era quién. Si el loco de la pollera nos seguía buscando, si la policía estaba metida o si era alguien de la guerrilla. Tal fue el miedo que teníamos que nos quedamos paralizados unos minutos sin saber que hacer.

No sabemos bien cuánto tiempo pasó mientras nos escondíamos entre las plantas pero cada vez que pasaba un coche o una moto por la carretera nos daba un vuelco el corazón. Para colmo había una tormenta eléctrica cercana y con cada relámpago se iluminaba todo el cielo. Teníamos que enfriar la sangre y tomar una decisión porque no podíamos quedarnos allí toda la noche.

Utilizando el mapa del teléfono móvil vimos que el camino por donde se fueron los chicos se unía de nuevo con el pueblo pero 2 km más adelante. No era una posibilidad recorrer 2 km a oscuras sin saber quién nos buscaba ni que pasaba.

La otra posibilidad era volver por el puente y dirigirnos al control militar. Pensamos que allí como mucho nos sacarían algo de dinero pero estaríamos más seguros. Pero para eso teníamos que cruzar el puente y era allí donde nos señalaban los chicos cuando nos decían “presos o un tiro” y claro no nos daba mucha confianza.

Finalmente decidimos que esta era la mejor opción ya que el puente al menos estaba iluminado y veríamos si había gente esperándonos. Sin pensarlo más, cruzamos el puente en dirección al control militar, cuando un coche se puso a nuestro lado. Era el loco de la pollera y nosotros no queríamos ni mirar. Aceleramos el paso para llegar al puesto de control y el aceleró y se metió en una casa en frente del control.

Otra vez en el control militar

Cuando llegamos al control militar había como 15 personas aunque no todos parecían oficiales, sino que algunos eran amigos del pueblo que pasaban la noche allí tomando té y jugando a las cartas.

Para nuestra sorpresa uno de los allí presentes era nuestro “amigo” el loco y encima parecía uno de los jefes. Por este motivo cambiamos nuestra historia diciendo que los chicos nos habían dejado tirados y no nos quisieron llevar hasta Loikaw.

Como nadie hablaba bien ingles aprovechamos para pedir ver a los agentes que nos habían fotocopiado el pasaporte la primera vez. En ellos confiábamos más y además sabían hablar mejor ingles. En el control nos dijeron que esperáramos que uno de estos agentes estaba de camino.

Tras un buen rato apareció el ayudante que anteriormente nos había fotocopiado los pasaportes, el cual reconocimos por su camiseta a rayas. Este nos inspiraba bastante confianza y podíamos comunicarnos con él en inglés.

La cosa empezó a enderezarse pues nuestro amigo de la camiseta a rayas nos iba a conseguir un coche para llevarnos hasta Loikaw y además el nos acompañaría durante el viaje. Cuando llegó la furgoneta donde nos llevarían nos montamos con la esperanza de salir cuanto antes y perder de vista al loco que seguía dando vueltas por allí.

Nada más lejos de la realidad pues esta historia todavía no había acabado ni de lejos.

La Casa

Estando sentados en la furgoneta llegó nuestro amigo de camisa a rayas y volvió a pedirnos los pasaportes. Nosotros no queríamos dárselos pues ya los habían fotocopiado. Él insistía diciendo que era para otra agencia diferente de la suya. Como no quisimos dárselos indicó al chófer de la furgoneta que nos llevara a la casa que estaba frente al control militar.

En la casa estaba el loco de la pollera y el que parecía ser su jefe. Cuando vimos que nos metían en la casa donde tenían 3 sillas preparadas para nosotros nos volvimos a cagar de miedo pues aquello parecía de película mafiosa. 

Sin entender nada nos volvieron a sacar de la casa en menos de 3 minutos para montarnos de nuevo en la furgoneta. Salíamos en dirección Loikaw de nuevo cuando tras recorrer 500 metros el que parecía jefe del loco nos paró y empezó a regañar a nuestro amigo de camiseta a rayas. Tras 15 minutos de gritarle y putearle en birmano (solo entendíamos cada tanto “foreigners/extranjeros”) nos dejó seguir nuestro camino.

La última parada

Ahora sí parecía que todo había terminado, el chófer paró a comprar Betel y Red Bull mientras que nuestro amigo quiso parar un momento en su casa antes de seguir nuestro camino. Maca pensó que quería un arma para protegernos mientras salíamos de la zona restringida. Santi que quería un arma para asustarnos y sacarnos el dinero. Y yo la verdad pensé que paró para ir a cagar.

Estando parados mientras lo esperábamos apareció de nuevo el loco de la pollera. Esta vez nos quería bajar de la furgoneta diciendo “foto, foto” y nosotros pensamos que quizás quería mi cámara para mirar las fotos que habíamos hecho. Pero lo que quería era que nos pusiéramos frente a la furgoneta para sacarnos una foto con su móvil. Imaginaros nuestras caras mientras nos sacaba la foto, lástima que no nos la mandó por Whatsapp. Al día siguiente Santi nos confesó que llegó a pensar que era la foto para el rescate.

Justo en ese momento llegó nuestro amigo de camiseta a rallas y empezaron a pedirnos el pasaporte de nuevo. El loco quería sacarle fotos con su móvil y nosotros no nos fiábamos por lo que nuestro amigo intento mediar para que estuviéramos más tranquilos. Una vez éste sacó foto a los pasaportes y la cédula de Santi nos dejaron marchar.

La vuelta a casa

Aunque esta vez sí que emprendíamos la vuelta a casa todavía quedaban 80 km de zona restringida. La carretera estaba casi desierta y cada frenazo para tomar una curva era un momento de tensión. Si nuestro “amigo” quería aprovechar para sacarnos dinero éste sería un buen momento.

El camino se hizo largo y nadie hablaba. Cuando salimos de la zona restringida nuestro amigo le indicó al chófer que parara el coche y nosotros nos volvimos a cagar. Pero simplemente quería llamar por teléfono para informar a su jefe que habíamos salido de la zona restringida sin ningún tipo de problemas. A partir de entonces éste cambió su actitud y comenzó a masticar betel mientras hablaba y reía con el chófer.

La Comisaría

Llegamos a Loikaw y aunque pensábamos que nos dirigíamos al hostal resultó que aún quedaba más tela que cortar. Nos dirigimos a la comisaría de policía, era un desastre pues incluso se fue la luz y tardaron media hora en poder conectar el generador.

Tras 1 hora esperando los agentes habían redactado un informe escrito en birmano. No entendían mucho de ordenadores y su conexión a Internet no funcionaba. Era todo un desastre y nos insistían en que firmáramos un documento que no entendíamos.

Puesto que no íbamos a firmar nada que no entendiéramos tuvimos que ingeniárnosla para poder compartir Internet con nuestro teléfono móvil a su ordenador de mesa y así poder traducir el documento. Éste decía que habíamos cometido una falta grave al entrar en zona restringida. Al ser la primera vez todo quedaría en un aviso pero si volvíamos a tener otra falta podríamos tener problemas mayores.

Una vez lo entendimos, firmamos el documento y nos llevaron hasta nuestro hostal. Allí el agente de inmigración de camiseta a rallas habló con el dueño del hostal para explicarle la situación. Eran las 12:30 de la noche y por fin todo había terminado.

Conclusión

Al día siguiente cuando pudimos poner todas las ideas claras de lo que había pasado entendimos mejor la situación.

En primer lugar los problemas fueron tanto el idioma como las formas. Pues el “loco de la pollera” no terminó siendo tan malo sino que estaba preocupado por protegernos. Y es que pertenecía al gobierno como luego nos explicó nuestro amigo de inmigración.

Como eran dos departamentos distintos necesitaban tener también un registro de nuestros pasaportes. El problema fue sacarnos de la carretera de aquella manera por lo que los chicos que nos estaban llevando a casa se asustaron.

Hay que tener en cuenta la situación del país pues tuvo una dictadura militar muy estricta hasta hace pocos años. Y como ellos nos decían antes de bajar del coche, hasta no hace mucho tiempo atrás, la policía te detenía o te pegaba un tiro. Por eso ellos se asustaron y se dieron a la fuga, queriendo ayudarnos a escapar.

El jefe del “loco” solo estaba dándole nuestra responsabilidad a nuestro amigo de inmigración y por eso le gritaba dejándole claro que nada nos podía pasar. De ahí que éste no hablara en todo el camino hasta que conseguimos salir de la zona restringida sanos y salvos.

Al final solo querían mantenernos a salvo y sacarnos de la zona restringida pero las situaciones que se dieron, sin entender el idioma, sin ninguna identificación, de noche y en una zona restringida hicieron que nos cagáramos de miedo.

Por suerte nos tocaron agentes honestos y no intentaron sacarnos dinero. Además leyendo en foros encontramos otras personas que sí que fueron presos y luego los deportaron. Por lo que tuvimos mucha suerte y tan solo quedó todo en un susto.

 

 

PD: Si queréis saber que es el Longyi, el Betel y otras curiosidades de Myanmar descúbrelas en nuestro post.

 

7 thoughts on “Myanmar fuera de la ruta turística: Dentro de la Zona Restringida

  1. Pedazo de aventura (en argentino cagaso,jaja) pero bueno, todo sirve para nuevas experiencias en otros lugares que no son tan seguros como lo es Europa. Espero que tengan suerte y no tengan que vivir otra experiencia como esta. Un abrazo

  2. Desde luego ya que os gustan las emociones fuertes veniros y nos hacemos socios del Betis…..Cuidaros y no hacer muchas locuras también se puede salir en el canal sur buscando pareja con Juan y Medio….Besos y abrazos de Bea y mio…..y os lo vuelvo a repetir no hacer muchas locuras que yo estoy mu mayor para sustos.

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